“Se buscan
“ejemplares” con aspecto saludable: jóvenes, fuertes, con simetría en el cuerpo
y en el rostro,  con características
sexuales muy marcadas…”

El gen egoísta

Desde el punto de vista estrictamente reproductivo (fisiología – biología), nuestra pareja ideal es
aquella que nos permita trasmitir
nuestros genes
lo mejor posible.

Este acercamiento es imprescindible a la hora de entender algunas de nuestras tendencias sexuales más básicas.

Muchos de las características y comportamientos sexuales de
los animales en el momento del apareamiento se rigen por estas normas de selección natural. Los rituales, las
luchas entre machos, los adornos…todo son formas de identificar, mostrar y
seleccionar a las posibles mejores
parejas
para transmitir los genes.

Estas tendencias naturales, aunque más o menos evidentes,
también están presentes en nuestra propia conducta sexual.

Placer y deseo animal

Desde este punto de vista, el deseo sexual es simplemente una llamada instintiva al apareamiento
y el orgasmo una especie de
recompensa inmediata a la culminación de esa unión física para asegurarse de
que se repetirá en el futuro.

Radicales

Como otros animales superiores también somos territoriales y gregarios. Pertenecer o
defender a un grupo o a un lugar forma parte de nuestro equipo de serie más
básico.

Por desgracia para algunos individuos esa tendencia está por
encima de cualquier razonamiento lógico y se convierte en un objetivo obsesivo. Esto los transforma en
esclavos de su instinto y en marionetas de otras personas que saben como
utilizar estos sentimientos para sus propios fines.

Tanto en el caso del sexo como en estos otros impulsos, el
abandonarse a ellos produce una satisfacción
básicamente animal, que reproduce
reforzamientos elementales muy interiorizados en el fondo de las profundidades
de nuestro cerebro. Es como comer cuando se tiene hambre o beber cuando se
tiene sed.

Por supuesto, somos mucho más que eso.

Sin embargo, es tan simple y determinista pensar que estamos
controlados exclusivamente por nuestro instinto animal, como soberbio y
peligroso ignorar que esta parte animal influye en nuestro comportamiento.

Educación sexual

Con la formación,
la educación y la socialización
correcta estos instintos irracionales no desaparecen del todo pero son
adaptados y controlados para conseguir algo que también es imprescindible para
nuestra supervivencia como especie: la convivencia
social
y el respeto mutuo.

Ser conscientes y conocedores de los mecanismos básicos de
la sexualidad humana es un paso imprescindible para poder controlarlos y
utilizarlos. Es posible conseguir una vida
sexual sana
en la que armonizar la satisfacción personal, la relación de
pareja, la socialización y la realización como persona

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