La homosexualidad no siempre ha sido tabú. Antes del asentamiento del cristianismo, la homosexualidad formaba parte de la vida en toda Europa. En la Grecia antigua, los hombres adultos tenía por misión educar y entrenar a los jóvenes efebos en sus relaciones sexuales, y estas eran consideradas de un modo muy natural en la preparación para la vida social. En cambio, con la llegada del cristianismo se empezó a condenar la homosexualidad como pecado y como propio de sociedades “bárbaras”. Fue el emperador romano Constantino, una vez convertido al cristianismo, quien castigó por primera vez la homosexualidad con la castración en el año 342. Desde entonces, el derecho comenzó a criminalizar la homosexualidad en todo el continente con penas que iban desde la castración a la de muerte, convirtiendo a los homosexuales en seres perseguidos durante siglos.

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