Se cree que el placer puede ser cultivado y lograr aumentar cualitativa y cuantitativamente, valiéndose del erotismo.
Este no se basa sólo en caricias mutuas sino en manifestar cada uno de los sentidos: tocar, oír, oler y saborear a la pareja.
Si uno se imagina la época de la antigua china, puede ver los enormes templos adornados con almohadones, colores, alfombras, que particularizaban cálidamente el lugar donde se iba a consumar el encuentro amatorio. Son conocidos desde ese entonces los masajes corporales con escencias aromáticas para comenzar a conseguir el clima.
Sin embargo, la doctrina apunta a que la pareja construya “su propio templo” antes de hacer el amor. Aquél en el cuál pueda manifestar sus sentidos libremente, con ropa atractiva, libertad de movimientos y con aromas y sabores que le ayuden a despertar y profundizar el apetito sexual.

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