La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. 

La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. No es sólo una cosa
de niños, o algo para las épocas solitarias entre un amante y otro, o para personas
mayores que se han quedado solas.
Con el problema del SIDA cada día más patente, sería lógico pensar en la
masturbación como la forma más segura del sexo. Pero hacer el amor con uno
mismo sigue siendo el secreto inconfesable de la sociedad.

Antes se decía que el incesto era el último tabú; ahora, sin embargo, se usa
la palabra con toda libertad. Incluso se han filmado películas sobre el tema. Pero,
¿por qué no se ha hecho una película sobre una mujer que aprende a llegar al
orgasmo masturbándose y empieza a disfrutar del sexo con su pareja por primera
vez? También sería muy educativo contar la historia de un hombre con problemas
de eyaculación precoz, que se enseña a sí mismo a prolongar las erecciones
mediante la masturbación y se convierte en un amante fantástico. Si se pusiera
en práctica mi fantasía particular sobre la jubilación, cambiaría por completo la
idea que se tiene sobre la tercera edad. Somos trece personas viviendo en comunidad.
Cada luna llena nos reunimos delante de la tele para ver el último video
pomo prohibido por el código moral. Después de hacer un té bien cargado, enchufamos
nuestros vibradores y nos disponemos a pasar una tarde de orgasmos.
Las mecedoras chirrían, los vibradores zumban y, de vez en cuando, uno de nosotros
sonríe y mueve la cabeza después de uno especialmente bueno.
El rechazo de la masturbación es parte de la represión sexual. Desde la infancia
hasta la madurez, la masturbación produce un sentimiento de vergüenza y
de culpabilidad. Las personas que no mantienen una relación sexual consigo
mismas son más fáciles de manipular. Yo creo que la clave para acabar con la
represión sexual está en la masturbación; sobre todo para las mujeres que creen
que son frígidas o que no saben con seguridad si están teniendo orgasmos con su
pareja. Pero también para los hombres que no pueden Controlar la eyaculación
precoz o que no logran llegar al orgasmo mediante la penetración.

Con la masturbación se aprende mucho sobre las reacciones sexuales, y se
conocen los secretos del cuerpo y de la mente que la sociedad enseña a esconder.
¿Existe alguna forma mejor de entender lo que es el placer y cómo ser creativo
en la cama? No hay que estar a la altura de nadie, ni satisfacer las necesidades
de otro, No se tiene miedo a la crítica o al rechazo por haberlo hecho mal.

La habilidad en la cama es como la habilidad en cualquier otra cosa: no se hereda
por arte de magia, se aprende.

La masturbación es la primera actividad sexual natural. Con ella, las personas
descubren sus sentimientos eróticos y aprenden a no avergonzarse de ellos ni
de sus genitales. Es la mejor manera de ir conociendo el sexo y de desprenderse
de viejos temores e inhibiciones. Para nosotras, las mujeres, es una forma de adquirir
confianza y poder comunicarnos sin miedo con nuestros amantes. Cuando
nos preguntan qué es lo que más nos gusta, tenemos que olvidarnos de la eterna
mentirijilla: «Todo lo que me haces me gusta».

A finales de los «sexy años sesenta», durante mí evolución erótica, la masturbación
sin complejos empezó a ser muy importante para mí. Como mi vida
sexual pasó de cero a ser fantástica, quería que todo en mundo lo supiera. Empecé
expresando mi alegría por medio del arte erótico. Luego, comencé a escribir
artículos y a hablar de la liberación sexual de la mujer. En aquella época creía
que las mujeres sufrían la represión sexual más que los hombres, y la masturbación
como liberación se convirtió en mi argumento feminista. Enseguida me
convertí en una experta en el tema, sobre todo porque nadie más quena hablar de
ello en público.
Cuando empecé a conversar con las mujeres sobre la masturbación en mis
Terapias Sexuales, me di cuenta de que eran necesarias unas sesiones dedicadas
por entero al sexo. Lo siguiente que hice fue organizar una escuela de masturbación
para feministas dispuestas a afrontar directamente una relación sexual Consigo
mismas, además de la liberación sexual. En 1974, la revista Ms. publicó un
articulo acerca de mis ideas sobre la masturbación. La reacción del público fue
tan positiva que decidí publicar un librito en el mismo año, titulado Liberating
Masturbation (La masturbación como liberación; reflexiones sobre el amor en
solitario). Tuvo tan buena acogida que, de pronto, me di cuenta de que tenía un
trabajo de jornada continua y no sabía como dejarlo. «Soy una artista con clase,
no una artista pajillera», argumentaba. Pero comprometerse cotí una idea es como
tener un niño: hay que darle amor incondicionalmente, incluso los días que
más odiaba ser «la madre de la masturbación».
Todos los años renunciaba a enseñar masturbación en mis terapias y todos
los años organizaba la escuela otra vez. Ser profesora de sexo sin ningún tipo de
título académico era una osadía por mi parte, pero ¿dónde podría haberme licenciado
en masturbación? Decidí que mi formación en Bellas Artes sería la excusa
para estudiar la estética del sexo en solitario. A veces, me veía a mí misma como
una artista en acción y mis escuelas me parecían simplemente una nueva forma
de hacer arte. Otras veces, me veía luchando contra molinos de viento, y quería esconderme en mi estudio y que la gente se olvidara de mí para siempre. Pero
después de catorce años dedicada a esta materia tan singular me he concedido un
doctorado en Masturbación.
Antes estaba convencida de que la masturbación llevaba al sexo, pero ahora
sé que la masturbación es sexo. La próxima vez que alguien te pregunte «¿Cuándo
tuvo su primera experiencia sexual?», debería responder que su primer contacto
con el sexo fue la masturbación, tío la primera vez que tuvo relaciones con
alguien.
Me imaginaba que, en la década de los años ochenta, masturbación sería
una palabra más de nuestro vocabulario y que estaría incluida en todos los programas
de educación sexual del Bachillerato. Pero aquí estoy, todavía, intentando
mentalizar al personal sobre el tema. Algunos de mis amigos me preguntar
por que sigo insistiendo en lo mismo, si «hoy en día todo el mundo sabe que la
masturbación no es nada malo». Sin embargo, la verdad es que todavía no se usa
la palabra con entera libertad, ni se habla del tema abiertamente sobre todo
cuando uno habla de su propia vida sexual. Es cierto que casi nadie cree ya que
la masturbación produzca desórdenes mentales o verrugas; pero aunque la mayoría
de los libros y artículos actuales sobre en sexo rechazan los viejos mitos
sobre la masturbación, la condenan sutilmente al no hablar prácticamente de
ella. Y lo peor es que se sobreentiende que la masturbación está bien para sustituir
a algo mejor. Lo primero que hago cuando compro un libro sobre sexo es
buscar el capítulo dedicado a la masturbación, para ver cual es la postura del autor
al respecto.

La masturbación tiene muchos aspectos positivos.

La masturbación tiene muchos aspectos positivos y ayuda mucho a quien la
practica: proporciona satisfacción sexual a personas que no consiguen encontrar
pareja, es una solución para los adolescentes con ansias irreprimibles de sexo y
evita embarazos no deseados. También es un buen remedio para las personas separadas
y para las parejas, cuando uno de los dos está enfermo, cuando a uno no
le apetece hacer el amor o cuando ninguno logra alcanzar el orgasmo mediante
la penetración.

La masturbación también se puede hacer con otra persona o personas, como
alternativa a la penetración. Es una parte muy importante de la actividad
sexual de las parejas y una manera de apaciguar las prisas de los hombres. Proporciona
satisfacción de una forma segura en los últimos meses del embarazo y
alivia los dolores que produce la menstruación. Masturbarse es relajante y ayuda
a conciliar el sueño. Y, por último, es la forma más segura de sexo, algo que se
debería tomar en cuenta hoy día.

Hay que recordar que muchas personas no tienen una pareja estable —
algunas porque así lo desean, otras porque están esperando que aparezca la persona
apropiada y otras porque no tienen seguridad en sí mismas O tienen alguna
tara física. Cuando alguien se separa después de un matrimonio muy largo, encuentra
a veces dificultades para volver a establecer una relación duradera, pero
sigue teniendo necesidades sexuales. Y lo mismo ocurre con las personas mayores, sobre todo una esposa o un marido viudos después de cincuenta años de matrimonio.
Además de estos ejemplos, hay muchas personas que no tienen otra alternativa
que la masturbación: aquellos que están en la cárcel, en residencias de
ancianos o en instituciones psiquiátricas. El hecho de aceptar la masturbación
puede cambiar la vida de muchas personas.

Otra razón por la que sigo insistiendo en lo mismo, y pidiendo al inundo
entero que acepte el sexo en su forma más primitiva, es para aplacar las voces de
grupos obstinados en tachar la masturbación de pecaminosa. La Iglesia Católica
está a la cabeza de estos grupos.
También está la minoría moral fundamentalista,
que sigue aferrada a la doctrina de la culpabilidad sexual del Antiguo Testamento.
(La historia bíblica sobre Onán desparramando su semilla ni siquiera se refiere
a la masturbación, sino al coitus interruptus.) La oposición organizada contra
la masturbación, igual que la oposición a la pornografía, es, en realidad, una
oposición al placer sexual. Tener marcha se considera antisocial, cuando lo que
es verdaderamente antisocial es estar reprimido.
Cuando estaba en Bachillerato, obsesionada con el sexo y con la cabeza
llena de mitos románticos, creía que el acné que tenía era por abusar de la masturbación,
y no sabía nada acerca de los métodos anticonceptivos. Era una víctima
potencial de la represión sexual. ¡Qué distinto hubiera sido todo de haber
tenido una profesora de Sexualidad en el colegio! Me imagino su primera charla:
«El sexo cambia a lo largo de la vida. Después del sexo ardiente y romántico,
que es lo único que sois capaces de entender ahora, llega la dulzura del Sexo con
el matrimonio, luego el misticismo de la procreación, y finalmente, la comodidad
o aburrimiento del sexo monógamo a largo plazo. Casi todos vuestros matrimonios
terminarán en divorcio, tendréis otra etapa de sexo ardiente y romántico,
y podréis empezar el ciclo de nuevo. Las lesbianas y los gays seguirán una
evolución parecida. Algunos quizá estudien el sexo en profundidad y experimenten
la bisexualidad o el sexo en grupo, olvidando normas y convencionalismos.
Pero, ¡tomad nota!: el sexo más duradero es la relación amorosa con uno
mismo. La masturbación siempre será parte de nuestra vida; durante la infancia,
la adolescencia, en noviazgo, el matrimonio y el divorcio, y durante la tercera
edad».

Ahora mi objetivo es conseguir que la masturbación se considere como una
forma primaria de expresión sexual. Ha llegado el momento del sexo para uno.
El siguiente paso en la evolución sexual de la civilización es la aceptación total
del sexo en solitario.

Mi fantasía de la liberación sexual en el futuro es la siguiente: es la Nochevieja
de 1999. Todos los canales de televisión se han puesto de acuerdo y me
han dejado dirigir un programa llamado «Orgasmos en América». En todas las
pantallas se verá pomo fino creado por el genio más destacado de este país, y
con la más alta tecnología. Al dar las doce, la nación entera se estará masturbando
en pro de la paz mundial.

Texto Original del libro de Betty Dodson: “Sexo para Uno. El Placer del Autoerotismo”

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