Anatomia Sexual

Qué es la Eyaculación Precoz.

La eyaculación precoz es una disfunción sexual, padecida por un 15 a 20% de la población masculina, que consiste básicamente en una dificultad o imposibilidad para ejercer un razonable control sobre el reflejo eyaculatorio. Puede aquejar tanto a los jóvenes como a los adultos, darse con una mujer y con otras no, ser algo situacional que aparezca en una determinada edad -ya que conflictos dentro o fuera de la pareja pueden alterar el control eyaculatorio- o coexistir desde los inicios sexuales.

Se ha tratado de definir al eyaculador precoz por el número de bombeos que realiza luego de penetrar, o por el tiempo que tarda en eyacular, o bien tomando el parámetro de que llega al orgasmo antes que su mujer en un porcentaje determinado de relaciones. Según mi criterio el rasgo sobresaliente es que no se logra un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración: cuando se excita llega rápidamente al orgasmo sin poder demorarlo ni interrumpirlo, y no es porque se excita mucho sino porque se acelera demasiado. Digo esto porque hay hombres que terminan en los juegos previos, apenas intentan penetrar o con sólo sentir que le tocan el pene. La pregunta sería si es posible ejercer un control racional sobre la sensación orgásmica una vez que se haya desencadenado y la respuesta es que, en la llamada fase de inevitabilidad eyaculatoria, esto no será posible. Y me refiero a un manejo de los tiempos, a poder detenerse cuando se está en los umbrales. La mayoría de la gente piensa que este control puede ejercerse mentalmente, por una orden del cerebro, pero ello no es viable. Podría tramarse una analogía con los reflejos: si yo me clavo una aguja en cualquier parte del cuerpo no podré impedir el dolor; la única manera de evitarlo sería alejar mi cuerpo de la aguja. El eyaculador precoz no puede -o no sabe- detenerse a tiempo por propia decisión, ni reducir el ritmo de bombeos o buscar variantes en el juego sexual que desaceleren su excitación.

Para ser gráfico, podría decir que el control que no tiene sobre sí le impide enviar la orden de detenerse antes de comenzar a experimentar la vivencia orgásmica. Una vez que se ha ingresado a ella, ya no se puede volver atrás.

Cómo se produce una erección.

¿Cómo se produce una erección?

Una erección es el resultado de un complejo proceso que involucra los vasos sanguíneos y el sistema nervioso. La anatomía del pene está especialmente diseñada para responder este proceso. El pene está conformado por dos estructuras que se inician dentro de la pelvis y se desarrollan en forma paralela hasta su extremo. Estas estructuras están compuestas por un tejido esponjoso con gran cantidad de vasos sanguíneos.

Generalmente, las paredes de estos vasos están contraídas lo cual previene el exceso de sangre en el pene y lo mantiene flácido la mayor parte del tiempo.
Cuando un hombre experimenta un estímulo sexual, los vasos sanguíneos se expanden, permitiendo que una mayor cantidad de sangre fluya rápidamente hacia el pene. De esta manera, la sangre que ingresa al pene produce una erección

Desde el punto de vista de la erección propiamente tal, podemos decir que ésta es un estado más o menos durable en el cual el pene permanece firme y alongado, y que este mecanismo, obedece a reacciones automáticas, controladas por el sistema nervioso autónomo.

Podemos distinguir dos tipos de erección:

Erección Cortical y Erección Refleja

En la primera están presentes estimulaciones, fundamentalmente, de fenómenos psíquicos. En la segunda, se supone algún contacto sobre el órgano genital masculino, principalmente el glande.

Cuáles son las causas de la eyaculación precoz

A veces nos preguntan si hay causas orgánicas en su génesis: prácticamente son inexistentes. Podría observarse en algunos casos donde hubiese una alteración neurológica o prostática, pero esto ocurre en un mínimo porcentaje. En la mayoría es una mezcla de ansiedad mal canalizada, un deficiente aprendizaje o situaciones de conflicto con su pareja. Cuando hablamos de mal aprendizaje nos referimos a que ese individuo no aprendió cómo demorar la eyaculación. En este sentido pueden hacerse muchas analogías con la masturbación. Por ejemplo, vemos aquel que en su adolescencia se masturbaba mirando una revista pornográfica y lo hacía estimulándose sin solución de continuidad hasta eyacular. También vemos el otro que lo hacía con pequeñas paradas: ojeaba la revista, pero deteniendo la estimulación al pasar la página o bien cuando sentía la llegada del orgasmo. Muchos eyaculadores precoces responden al primer modelo, no saben adentrarse en las sensaciones previas al orgasmo y allí detener la intensidad del bombeo. El segundo modelo responde al individuo que fue incorporando conductas de autocontrol, aunque fuera de modo inconsciente, las que hoy lleva a la práctica en su vida sexual.

Es interesante detenernos en las reacciones que pueden tener las parejas de quienes no controlan el orgasmo y, como en muchos aspectos relacionados con la sexualidad del eyaculador precoz, dependerá de cada una de ellas. Hay un tipo de mujer que comprende el problema del compañero, no complicará la situación haciéndolo sentir obligado a cumplir y, en el mejor de los casos, se ofrecerá a acompañarlo a consultar con un especialista. Pero también existen las mujeres que ponen a sus parejas entre la espada y la pared diciéndoles que no pueden terminar si no es a través de la penetración, lo cual es demoledor para un varón con las limitaciones de un eyaculador precoz o con dificultades erectivas.

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El principio de tracción se aplica en la expansión tisular en cirugía plástica, la cual genera piel para cubrir defectos cutáneos, quemaduras o zonas de calvicie. También se aplica en la distracción ósea para el alargamiento de diáfisis ósea de miembros y falanges.

En culturas ancestrales este principio se utiliza para conseguir elongar diferentes partes del cuerpo, como el cuello en la tribu Paduang de Birmania (las mujeres-jirafa), o como los labios u orejas en tribus africanas o amazónicas, que se colocan prótesis o pesos para alargarlos.

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Orgasmo, Orgasmo, Orgasmo…

Aunque venga de un amante, una bañera, un osito de peluche, un dedo, una lengua
o un vibrador, un orgasmo es un orgasmo. Mis rituales de orgasmo, al principio,
eran muy sencillos. Tardaba alrededor de diez minutos en tener uno, y
luego lo dejaba. Sólo me concentraba en las sensaciones de mi cuerpo. Poco a
poco empecé a tomarme más tiempo y a ser mejor amante. Tardaba más en correrme,
porque paraba de repente para crear más tensión sexual antes de llegar al
orgasmo. Luego empecé a imaginar situaciones eróticas, con lo que mis orgasmos
mejoraron mucho. Para desarrollar una fantasía, primero intentaba recordar
alguna buena experiencia sexual que hubiera tenido. También leía libros sobre el
sexo, o sobre el arte del sexo, y miraba revistas pomo que me gustaran.
Lo solía hacer con el dedo; me lo metía en la vagina para humedecerlo y, a
veces, con otro dedo me tocaba el clítoris. Siempre era un verdadero placer. Una
noche lo hice mientras me miraba en un espejo con aumento. Era fabuloso, casi
como ver una película erótica en una mini-pantalla. Fui adquiriendo cada vez
más estilo en la manera de hacerlo. Veía como mis labios vaginales se ponían de
un color rojo oscuro y mi clítoris se hacia más grande por momentos. Me hacía
un masaje interno con tres dedos, lo que aumentaba la lubricación, y mis jugos
sexuales brillaban a la luz. Al final movía la mano tan rápido que la veía borrosa
justo antes de correrme. Cuando llegaba al orgasmo, se me cerraban los ojos y se
acababa el espectáculo, como cuando se cierra el telón en el teatro.

Al principio nunca tenía más de un orgasmo cuando me masturbaba. Mi
clítoris siempre estaba demasiado sensible justo después de tener uno. Un domingo
por la tarde, cogí una vela blanca, le di la forma de un precioso pene y me
la metí mientras me tocaba el clítoris. Después de tener un orgasmo considerable,
todavía tenía marcha, pero estaba demasiado sensibilizada para hacerlo
otra vez. De repente se me ocurrió que podía intentar respirar de la misma manera
que se les enseña a las mujeres para soportar el dolor en un parto natural. Empecé
a hacerlo para poder tolerar más placer, y descubrí que lo podía hacer si me tocaba con más suavidad, En poco tiempo desapareció la hipersensibilidad y estaba
a punto de tener otro orgasmo. En vez de parar y aguantar la respiración, a
partir de entonces respiraba más fuerte para soportar la sensación. Lo que antes
me parecía dolor ahora me parecía una nueva forma de placer.
Más adelante empecé a hacer un ejercicio con el que aprendí a controlar las
sensaciones de mi cuerpo. Después de un baño caliente, o de una sauna, me metía
en agua fría. Al principio me horrorizaba la idea. Siempre había evitado los
dos extremos, porque ambos eran demasiado intensos. Pero, en realidad, era una
sensación fantástica que estimulaba la circulación y los sentidos. El espacio que
existe entre la idea y la acción es la inhibición. Mi capacidad para moverme por
ese espacio estaba en relación directa con mi deseo de encontrar placeres nuevos.
Lanzarme al placer se me hacia cada vez más fácil.

A finales de los años sesenta tuve el primer orgasmo con un vibrador. Pero no era un vibrador de verdad,
sino un aparato para darse masajes en la cabeza que Blake tenía. Una noche
me pregunto si me apetecía que me diera un masaje, y empezó a dármelo por la
cabeza. Era fantástico. Poco a poco bajó la mano hacia el resto de mi cuerpo, y
me empezó a latir el corazón cada vez más fuerte. Pegué un salto cuando noté
los movimientos rápidos de su mano sobre mi clítoris. Era un placer tan intenso
que no pude evitar sujetarle en brazo. Me preguntó si quería que lo dejara, y le
contesté que no. Respiré para disfrutar bien de la sensación, y después de tres
orgasmos maravillosos sentía que había entrado en otra dimensión.
Entonces me compré un aparato como el de Blake. Se sujetaba con la mano
y hacia que los dedos vibraran con rapidez. Me ponía el dedo sobre el clítoris y
en resultado era fantástico; además, casi no hacia ruido. Me corrí enseguida, pero
no pude seguir porque el vibrador se había calentado demasiado, y no era nada
divertido jugar con un juguete que estaba tan caliente que no se podía tocar.
A principios de los setenta, salió al mercado un nuevo aparato eléctrico para
dar masajes. Era un cilindro muy grande que hacía el mismo ruido que un
camión cuando va en segunda. El mango media unos veinte centímetros y tenía
una cabeza de siete centímetros. Cuando se lo enseñé a mis amigas por primera
vez, casi, se desmayan, hasta que les expliqué que no era para metérselo dentro.
Toda esta maquinaria estaba pensada para hacer vibrar a mi dulce clítoris. Fue el
principio de un romance apasionado con un aparato al que puse el nombre de
Mack, el forzudo. (Una amiga mía se compró uno enseguida, y le llamó Pierre,
el sortudo. )
Al principio lo usaba sobre todo para el cuello y los hombros, como indicaban
las instrucciones. Tardé algún tiempo en aprender cómo se podía dirigir toda
esa energía hacia el placer sexual. Una noche, Mack y yo sorprendimos a mi clítoris
debajo de una toalla doblada. Ocurrió justo lo que me temía —¡fue un éxtasis
inmediato! Estaba abrumada por el placer. Además se podía regular la velocidad.
Podía tener unos orgasmos increíbles sin que Mack se calentara demasiado.
Ahora, mirando hacia atrás, me parece que hubo un momento en el que mis
sentimientos por Mack casi se convierten en amor. Compré varios y se los presté
a mis amigas, para no tener que compartir el mío. Terminé comprándolos por
cajas cuando empecé con las Terapias, hasta que un día descubrí que Mack, el
forzudo, ya no se fabricaba. Creí que el gobierno estaba siguiendo una política
de reducción de orgasmos. Sin embargo, Dios aprieta pero no ahoga, porque
pronto apareció otro aparato que daba masajes. Era más bonito y más fino, y tenía
un motor que ronroneaba como un gato.

Cuando llegaba a casa, siempre estaba esperándome mi fiel Pandora para
darme unas horas interminables de placer. Nunca le dolía la cabeza, ni estaba
demasiado cansada para hacerme caso, y no le importaba que de vez en cuando
me apeteciera hacerlo con gente. Lo que me salvó de empezar a tomarme en serio
nuestra relación fue analizar cuidadosamente los inconvenientes de Pandora:
mucho ronroneo, pero nada de conversación, y siempre tenía que ser yo la que
Ilevara la voz cantante. Pero quería a mi vibrador tal y como era: un juguete maravilloso
que transmitía buenas vibraciones.
Seguí teniendo relaciones sexuales con mis amantes y dejé de pensar que
me iba a volver adicta al vibrador. También dejé de preocuparme porque se me
iba a estirar el clítoris y porque me iba a volver poco sociable. Nunca pasó nada
de eso. Era mucho menos sociable cuando era adicta al amor. En aquella época,
lo que empezaba como algo placentero se convertía enseguida en dolor, a medida
que me iba obsesionando con la persona a quien quería. Nunca he estado obsesionada con un vibrador. Mi experiencia con otras adicciones me ha enseñado
que el dolor y la frustración hacen que se cree una fijación. Era como un conejillo
de indias: los que están condicionados por el dolor siguen siempre el mismo
camino, mientras que los que están condicionados por el placer buscan nuevas
aventuras.
Hasta finales de los setenta sólo utilizaba un vibrador para mis rituales de
masturbación. Luego empecé a hacer experimentos con la penetración. Me ponía
algo en la entrada de la vagina mientras me estimulaba el clítoris con el vibrador.
Hacía una penetración lenta y sensual apretando y relajando los músculos.
Justo antes de correrme hacía fuerza con las piernas para sujetar lo que fuera que
tuviera dentro. Sujetaba el vibrador con las dos manos a la vez que ponía tensas
las nalgas y me dejaba llevar.

Me encantan los pequeños orgasmos que tengo cuando me tomo un descanso
sexual de un cuarto de hora. Me dan energía y descargo la tensión. También
me gusta el otro extremo, unos orgasmos maravillosos después de un ritual de
dos horas. Me voy excitando y luego lo dejo para estar al borde el mayor tiempo
posible. Utilizo los movimientos del cuerpo, todas las formas de respirar y todos
los pensamientos eróticos de mi repertorio. Me someto por completo al hedonismo.
He reído, llorado y gemido mientras intentaba alcanzar el más grande de los
orgasmos. Después de tener dos o tres, me quedo como traspuesta, disfrutando
del placer. Sigo vibrando y temblando, pero ya sin ningún interés en tener otro
porque estoy más allá del orgasmo, en un estado de éxtasis que puede durar hasta
diez minutos. Luego vuelvo lentamente a la tierra otra vez.
Esta forma de tener orgasmos es una de las posibilidades que hay. A mí me
encanta, pero algunas mujeres prefieren los vibradores en forma de pene que
funcionan con pilas. Los vibradores son tan estupendos para tener orgasmos, que
se olvida uno de que también lo son para masajes en el resto del cuerpo. Es una forma de estimular el riego sanguíneo en la zona donde se hace el masaje, y es
muy bueno para la salud y la belleza corporal. Pero no hay que olvidar que los
aparatos eléctricos se deben mantener siempre alejados del agua.
Cuando una mujer utiliza un vibrador por primera vez puede obtener diferentes
resultados. Una amiga me contó que ella tuvo un orgasmo intensísimo,
pero que no duró nada. Otra me dijo que el suyo fue tan pequeño que sólo duró
un segundo. Incluso hubo una que tuvo que practicar durante varios meses antes
de conseguir algún resultado positivo. A veces se tienen pequeños orgasmos sin
que haga falta mucha estimulación. Es muy parecido al fenómeno de la eyaculación
precoz. La masturbación es el mejor sistema para aprender a controlar las
ganas de correrse, tanto para los hombres como para las mujeres.

Tengo algunas amigas que prefieren que la estimulación sea indirecta. Consiguen
tener orgasmos mediante la presión, juntando los muslos y tensando los
músculos de una forma rítmica. Conozco a un hombre que se masturba presionando
su pene contra la cama. Cuando era pequeña usaba el sistema de la presión
con una almohada entre las piernas, pero ahora me gusta más el contacto directo.
Hay mujeres que prefieren utilizar el agua para estimularse y tienen orgasmos
en la bañera con la ducha de teléfono. Una vez una amiga tuvo un orgasmo
sin querer en un jacuzzi porque se sentó delante de uno de los chorros de
agua. Un orgasmo es un orgasmo.
Hay muchas mujeres que no consiguen aprender a tener su primer orgasmo
con agua, ni con presión, ni con la mano. Normalmente, esto ocurre porque no
han tenido ninguna experiencia de masturbación y han aprendido a controlar sus
impulsos sexuales. Para estas mujeres un vibrador puede proporcionar una estimulación
fuerte y regular, para que se recuperen de la privación sensual de la
que han sido objeto. Puede que sea la única manera de tener orgasmos durante
meses o incluso años, pero no es tan espantoso como pensar que nunca podrán
tener uno. Los orgasmos eléctricos son tan satisfactorios como cualquier otro.
La obsesión por portarse bien puede hacer que dejemos de tener sensaciones
en los órganos sexuales. Una represión muy fuerte puede bloquear los nervios
de nuestro sistema que llevan esas sensaciones hasta el cerebro. Wilhelm
Reich, el psicoanalista que escribió La función del orgasmo, definió el orgasmo
como «…la capacidad de rendirse ante la energía sexual sin ninguna inhibición;
la capacidad de descargar toda la excitación sexual a través de movimientos involuntarios
y placenteros de todo el cuerpo». Es una descripción fantástica, pero
durante muchos años no me la podía aplicar a mi misma. Igual que otras muchas
personas no había podido disfrutar plenamente del orgasmo.

Hasta que cumplí algo más de treinta años, mi pobre cuerpo estuvo maltratado
por las resacas, dolores musculares crónicos, falta de ejercicio y mala alimentación
—y todo ello interfería en mis sensaciones eróticas. Además estaban
los factores causantes de la inhibición: sentido de culpabilidad, miedo, rabia y
autocompasión. Estos hacían que no pudiera tener pensamientos eróticos. Mi energía sexual no podía seguir su curso, sólo la descargaba a través de mis genitales
y tenía pequeños orgasmos, comparables al hipo.
Durante mi infancia y luego en mi matrimonio, la masturbación estaba basada
sobre todo en que no me pillaran. Aprendí a ser rápida y silenciosa. Cuando
estaba con alguien en la cama procuraba no respirar muy fuerte ni moverme
mucho. Nunca estaba relajada, porque sólo me preocupaba ser muy femenina todo
el tiempo. Lo que ocurría, en realidad, era que tenía muchos prejuicios.
En una de mis Terapias, una mujer casada me contó que tuvo el primer orgasmo
a los cuarenta y ocho años. Una noche se puso el vibrador en el clítoris y
dos horas después casi se cae de la cama del placer, ¡y pesaba alrededor de cien
kilos! Con el vibrador conseguía la estimulación que necesitaba su cuerpo. Ni
ella ni su marido habían tenido paciencia suficiente. Ahora están encantados con
su nueva vida sexual: para ella la penetración es el aperitivo; cuando él se corre,
ella tiene un orgasmo con el vibrador mientras se besan y se abrazan. Están en
plena luna de miel sexual.

Otra de las mujeres de las Terapias estaba desesperada después de diez
años de matrimonio, un hijo y ningún orgasmo. Se compró un vibrador y se lo
puso directamente en los genitales durante mucho tiempo, varias noches seguidas.
Estaba decidida a experimentar el placer. Sólo consiguió estar dolorida durante
unos días. Como no tenía sensaciones en los genitales, en vez de obtener
placer sentía dolor. ¡Estaba furiosa! Pero por lo menos el dolor era la prueba de
que había vida ahí abajo, y no se dio por vencida. Con un poco más de práctica
y más suavidad, empezó a tener sensaciones agradables.
Una amiga mía, que es lesbiana, aprendió a tener orgasmos con un vibrador
cuando tenía más de treinta años. Al cabo de un año podía tenerlos con su pareja
con sexo oral. Cinco años después se quedó encantada cuando aprendió a masturbarse
con la mano. Decía que se sentía más completa ahora que sabía que no
dependía de un aparato ni de una persona. Podía tener sus propios orgasmos. Pero
el paso del vibrador a la mano no fue fácil, hasta que empezó a hacer uso de
algunas fantasías sexuales. Cuando estaba con su pareja pensaba en ella, y cuando
estaba sola no pensaba en nada. Ahora, cuando se masturba con la mano,
piensa en el sexo. Para excitarse sin un vibrador y sin su amante necesitaba usar
la mente.

Conocí a una mujer de treinta y dos años que llevaba diez teniendo orgasmos
solamente con un vibrador. Cuando conoció al hombre con el que se quería
casar, quiso aprender a llegar al orgasmo haciendo el amor. Cambió su técnica
primero. Se empezó a poner la mano entre el vibrador y el clítoris. Lentamente
aprendió a responder a un roce más suave. Tardó seis meses en aprender a correrse
con la mano, y no tuvo ningún problema con su marido.
Una amiga bisexual que había estado usando un vibrador cuando se quedaba
sin pareja, decidió regalárselo a alguien. Decía que sus orgasmos eléctricos
eran tan fáciles de conseguir que había dejado de tener fantasías sexuales. Volvió
a hacerlo con la mano en un baño de agua caliente, mientras leía un libro pomo. Al cabo de unos años, se compró otro vibrador porque se dio cuenta de
que podía usarlo, seguir teniendo sus fantasías e, incluso, tener más de un orgasmo,
aunque tuviera una pareja.

Las fantasías sexuales pueden estar llenas de contradicciones. Por ejemplo,
conozco a una mujer casada que estaba preocupada porque sus fantasías casi
siempre eran con mujeres, aunque ella se consideraba heterosexual. Una amiga
lesbiana se preguntaba por qué a menudo tenía fantasías heterosexuales, si a ella
no le gustaban nada los hombres. Es una pena que nos pasemos la vida con etiquetas
sexuales entre las piernas. Mientras nos definamos como heterosexuales,
bisexuales u homosexuales en vez de sencillamente sexuales, seguiremos estando
enfrentados en el sexo. La minoría moral es la que lleva la voz cantante,
mientras que la mayoría sexual permanece en silencio. Ha llegado el momento
de apoyar el placer sexual, sea cual sea la forma que adopta. Un orgasmo es un
orgasmo.
Una amiga mía, que se consideraba una feminista radical, se empezó a preocupar
porque sus fantasías sexuales no eran correctas políticamente, ya que no
eran feministas. Yo le aseguré que todas las fantasías eran correctas. Muchas
personas se imaginan cosas que en realidad no quieren que les ocurran nunca.
También le recordé que se puede ser adicto a las fantasías como a cualquier otra
cosa, y le sugerí que cambiara de fantasía. Una de las que empezó a usar era la
de ella moviendo su clítoris dentro de la boca de su amante que estaba atado a la
cama. Pero cuando se queda atascada, o tiene prisa, vuelve a la antigua, en la
que cinco polis irlandeses la violan. Esa nunca falla.
Las fantasías sobre violaciones pueden dar marcha. No creo que sea correcto
hablar de fantasías feministas o sexo feminista. La liberación de la mujer no
consiste en definir qué es lo correcto en el sexo. Se trata de investigar y aumentar
nuestro potencial erótico. Respeto a las feministas que defienden el ideal del
amor perfecto entre dos en una relación monógama que dure para siempre. Por
lo tanto, pretendo que respeten mi ideal de vivir con una familia de amigos eróticos.
Nunca habrá una manera correcta de tener fantasías y orgasmos.
Al comienzo de mi romance con el movimiento por la liberación de la mujer,
actuaba como cualquier amante romántico: idealizaba a todas las mujeres.
Creía que las feministas habían sido las elegidas para sacar al mundo del lío en
el que estaba metido. Hasta que descubrimos nuevas imágenes eróticas parecíamos
un ejército, hablando de líneas de fuego, del enemigo, y de cómo ganar la
batalla entre los sexos. ¡No era nada divertido! Lee el resto del articulo »

Masturbacion como liberacion.

La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. 

La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. No es sólo una cosa
de niños, o algo para las épocas solitarias entre un amante y otro, o para personas
mayores que se han quedado solas.
Con el problema del SIDA cada día más patente, sería lógico pensar en la
masturbación como la forma más segura del sexo. Pero hacer el amor con uno
mismo sigue siendo el secreto inconfesable de la sociedad.

Antes se decía que el incesto era el último tabú; ahora, sin embargo, se usa
la palabra con toda libertad. Incluso se han filmado películas sobre el tema. Pero,
¿por qué no se ha hecho una película sobre una mujer que aprende a llegar al
orgasmo masturbándose y empieza a disfrutar del sexo con su pareja por primera
vez? También sería muy educativo contar la historia de un hombre con problemas
de eyaculación precoz, que se enseña a sí mismo a prolongar las erecciones
mediante la masturbación y se convierte en un amante fantástico. Si se pusiera
en práctica mi fantasía particular sobre la jubilación, cambiaría por completo la
idea que se tiene sobre la tercera edad. Somos trece personas viviendo en comunidad.
Cada luna llena nos reunimos delante de la tele para ver el último video
pomo prohibido por el código moral. Después de hacer un té bien cargado, enchufamos
nuestros vibradores y nos disponemos a pasar una tarde de orgasmos.
Las mecedoras chirrían, los vibradores zumban y, de vez en cuando, uno de nosotros
sonríe y mueve la cabeza después de uno especialmente bueno.
El rechazo de la masturbación es parte de la represión sexual. Desde la infancia
hasta la madurez, la masturbación produce un sentimiento de vergüenza y
de culpabilidad. Las personas que no mantienen una relación sexual consigo
mismas son más fáciles de manipular. Yo creo que la clave para acabar con la
represión sexual está en la masturbación; sobre todo para las mujeres que creen
que son frígidas o que no saben con seguridad si están teniendo orgasmos con su
pareja. Pero también para los hombres que no pueden Controlar la eyaculación
precoz o que no logran llegar al orgasmo mediante la penetración.

Con la masturbación se aprende mucho sobre las reacciones sexuales, y se
conocen los secretos del cuerpo y de la mente que la sociedad enseña a esconder.
¿Existe alguna forma mejor de entender lo que es el placer y cómo ser creativo
en la cama? No hay que estar a la altura de nadie, ni satisfacer las necesidades
de otro, No se tiene miedo a la crítica o al rechazo por haberlo hecho mal.

La habilidad en la cama es como la habilidad en cualquier otra cosa: no se hereda
por arte de magia, se aprende.

La masturbación es la primera actividad sexual natural. Con ella, las personas
descubren sus sentimientos eróticos y aprenden a no avergonzarse de ellos ni
de sus genitales. Es la mejor manera de ir conociendo el sexo y de desprenderse
de viejos temores e inhibiciones. Para nosotras, las mujeres, es una forma de adquirir
confianza y poder comunicarnos sin miedo con nuestros amantes. Cuando
nos preguntan qué es lo que más nos gusta, tenemos que olvidarnos de la eterna
mentirijilla: «Todo lo que me haces me gusta». Lee el resto del articulo »

Masturbacion y Autoerotismo.

Todos pasamos por épocas en que nos odiamos, no nos gusta nuestro cuerpo y
no tenemos las ideas muy claras respecto al sexo y al placer. Por eso recomiendo
a las personas que mantengan una relación apasionada consigo mismas. Lo primero
que hay que hacer para curar cualquier problema sexual es aprender a excitarse,
descubrir fantasías sexuales y tener mucho amor en solitario y muchos
orgasmos.
Sigamos los pasos de un ritual de amor en solitario, que incluye: un baño
muy sensual, la aceptación del cuerpo, un masaje, una exploración genital y un
baile delante del espejo para practicar los movimientos del sexo. Termina con un
orgasmo en un escenario erótico que usted elija. Se pueden hacer variaciones al
gusto de cada uno. Que usted lo pase bien.

Primer paso: Quererse a uno mismo

Empiece desde ahora. Mírese al espejo y diga en voz alta: «Te quiero».
Sonría. Diga «Te quiero» y luego diga su nombre. Le parecerá raro e incluso se
sentirá ridículo y avergonzado, ¡pero hágalo! Si se desmoraliza, párese a pensar
en las cosas buenas de la vida. Conviene darse un abrazo de vez en cuando. Diga:
«Te quiero tal y como eres». Haciendo este ejercicio tan sencillo durante dos
semanas, empezarán a ocurrir pequeños milagros. Le acabará gustando.

Segundo paso: El baño sensual

Para empezar una sesión de amor en solitario lo mejor es darse un baño caliente.
Hay veces que el único sitio donde se puede tener un poco de intimidad
es en el cuarto de baño. Se puede convertir en un escondite romántico sólo con
poner unas velas.
Hay que tener a mano un buen jabón, un gel de baño y aceite de coco, para
que el baño de espuma sea perfecto. También es buena idea cantar, o poner la
radio. Métase en el agua caliente y respire profundamente. Relájese.
Acaricie su cuerpo con suavidad. Piense en alguna experiencia sexual que le haya gustado, o en una escena de una película. Cuente alguna historia de sexo,
y no se olvide de decir todas las cosas que le gustan. Deje volar su imaginación
—nadie le oye. La fantasía no tiene límites. Mientras piensa todo esto, ponga la
mano sobre sus genitales; muévala hacia arriba y abajo; sentirá la sensualidad
del agua y el aceite de coco en su clítoris o su pene. Respire. Vaya más rápido o
más lento. Juegue un poco.

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Donde reside la sexualidad

pasionDurante años los investigadores han buscado el Santo Grial de la sexualidad: lo que hace que un hombre se comporte como un hombre y una mujer como una mujer. Han analizado el cerebro desde todos los ángulos, pero sin resultado. No existen diferencias acusadas entre el cerebro del hombre y de la mujer (al menos en lo que a sexualidad se refiere). Pero quizá la nueva investigación que os presentamos hoy puede haber dado con la solución al problema: un equipo de la Universidad de Harvard ha observado que el lugar donde yace la sexualidad no es el cerebro, al menos para los ratones.

Parece que el epicentro del comportamiento sexual específico en la mayoría de los vertebrados es un pequeño órgano sensorial que se encuentra encima del cielo del paladar de todos los vertebrados terrestres excepto monos, simios y humanos. La investigación demuestra que el deterioro en la función del órgano vomeronasal o de Jacobson induce un comportamiento masculino en hembras de ratón, este comportamiento incluye montar y realizar embates pélvicos, mientras pierden los instintos como hacer nidos o criar a su descendencia. Según Catherine Dulac, profesora de biología celular y molecular en la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard, los resultados son sorprendentes, porque nadie podía imaginar que una simple mutación como la ocurrida en este órgano podría inducir en las hembras comportamientos propios de machos.

Incluso aunque los humanos no tenemos órgano vomeronasal, los resultados obtenidos darían pistas para buscar en el comportamiento específico sexual del hombre. En la mayoría de los mamíferos, cuando el macho huele los genitales de la hembra, el órgano de Jacobson detecta la carga hormonal de la orina indicando al macho si la hembra es fértil y si está disponible. Lee el resto del articulo »

Sexualidad III

Sexualidad.
¿Qué relación hay entre sexualidad y moral?

Existe una relación muy estrecha porque todas las sociedades humanas tienen normatizado lo relacionado con la vida, la muerte y lógicamente el sexo. Actualmente existe una independencia entre placer sexual y reproducción. No es sólo reglamentar la procreación y la herencia, sino darle espacio al placer sexual, por que las religiones y los códigos de todos los países reglamentan la sexualidad. Por eso todos aprendemos que hay cosas buenas y malas en sexualidad y eso está muy relacionado con la moral.

¿Qué relación tiene la sociedad con la aceptación de las alternativas o aberraciones sexuales?

La sociedad a través del tiempo a dado muchas vueltas. Si en la Grecia clásica ser homosexual era maravilloso y sólo se llegaría a ser hombre si otro hombre le enseñaba, porque las mujeres eran indignas del conocimiento.

En este momento no es bueno, claro que antes era peor, ser homosexual, y se considera contranatural por la concepción religiosa de que el fin de la sexualidad es la reproducción y una relación homosexual fracasará siempre en la reproducción. Además la homosexualidad ha sufrido el castigo social del señalamiento de la aparición de la epidemia del sida, aunque hoy por hoy un factor de riesgo de contagio es tener relaciones sexuales sin protección.

Cada vez más la sociedad se mueve a la aceptación del derecho del individuo diferente. Además, los grupos homosexuales han presionado políticamente para el reconocimiento de sus derechos.

Elena Martin Cardinal,MD.
Directora Departamento de Psiquiatría.
Facultad de Medicina.
Universidad Nacional de Colombia.

Distorsiones en el sexo I

De la misma forma que en la vida cotidiana, a veces nos encontramos interpretando erróneamente un suceso (exagerándolo o dramatizándolo), este tipo de pensamientos distorsionadores de la realidad, también pueden darse en nuestra vida sexual.
Puedes enriquecer tus relaciones sexuales con aspectos externos (juguetes, lencería, velas, etc), pero no dejes de considerarlos un complemento al órgano sexual por excelencia, que es el cerebro la intensidad con que nuestro sentidos se despliegan en el acto sexual, viene condicionada y filtrada por nuestros esquemas y estilos de pensamiento. Siente, pero observa cómo te hablas a ti mismo antes y durante el sexo.
Determinadas creencias pueden ser capaces de boicotear la cita más romántica y apasionada. Por eso, vamos a ayudarte a que las identifiques cuando pasen por tu mente o la de tu pareja:

EL TODO O NADA (o blanco o negro).

-Las relaciones sexuales no son cosa de todo o nada, de penetración o de no hacer nada. Es bueno considerar que hay distintos niveles de interacción, y que sexo no es sinónimo de coito. Implican también juegos de majase, frotarse con la ropa puesta, masturbaciones, caricias sensuales, etc.

-No siempre hay que hacerlo todo. Merece la pena iniciar algunas de estas actividades alguna vez, sin que necesariamente tengan que acabar con penetración.

-Recuerda que hay grados intermedios de satisfacción sexual, las cosas no son geniales o nefastas (blancas o negras). Es bueno que aprendas a disfrutar de relaciones de 5, de 3, de 7, etc. Que algo no salga perfecto, no significa que sea globalmente insatisfactorio. No te habrá gustado determinado contacto, pero puedes haber disfrutado de caricias, miradas, etc.

-No hace falta tener unas ganas de 10 para tener un encuentro sexual, basta con tener cierta disposición, no es imprescindible estar motivado al 100% desde el inicio.

-Es imposible que TODO lo que hace tu compañero te desagrade Si algo no te gusta, puedes decírselo, pero habrá algo que sí te haya gustado, y de la misma forma puedes reforzárselo.

LA GENERALIZACIÓN EXCESIVA (si me ha pasado una vez, es que me va a pasar más veces).

-Es recomendable no ir predispuesto negativamente a un nuevo encuentro con los fallos o dificultades en mente, que haya habido en el anterior. Es sano darte una oportunidad a ti y a tu pareja de mejorar, de cambiar.

-El hecho de que alguna vez hayas tenido dificultad de erección, lubricación o excitación, no significa que vaya a volver a darse si lo hablas antes, recibes asesoramiento o cambias algo. Además puede darse, pero no necesariamente en el mismo grado, con que disminuya un poco es un buen avance y logro.

-Pensar que las cosas van a seguir sucediendo, sólo me sirve para preocuparme por anticipado, sentirme negativo, nervioso, susceptible y enfadado, y al final lograr que la profecía negativa que he hecho se cumpla. “va a salir mal, va a salir mal…salió mal”
Vaso medio lleno
EL FILTRO MENTAL (ver el vaso medio vacío).

-Opta por focalizar en las partes de tu cuerpo que te parecen atractivas, en lugar de dedicar tanto espacio mental a los pensamientos que te descalifican. Concéntrate en lo que tienes, no en aquello de lo que careces.

-No pierdas tiempo y energía en rebobinar una y otra vez la escena de los déficit de vuestra relación, elige dedicar más tiempo en recrearte en vuestros puntos fuertes, aquello en lo que os compenetráis al máximo. Esto hará que os incentivéis mutuamente y aumente vuestro deseo sexual.

-Nadie niega que no haya aspectos mejorables (vaso medio vacío), pero no se puede ser extremadamente exigente, porque al final el sexo se vive como una competición, en la que hay que obtener un sobresaliente incondicional.

-Dedica unos instantes para hablar de lo positivo, de lo que te ha resultado estimulante.

DECALIFICAR LO POSITIVO (Ante lo bueno: “no es para tanto, es mi obligación, es lo normal, tú que me ves con buenos ojos…)

-Si tu pareja te valora o hace un elogio sobre tu atractivo o aspecto físico, no le quites importancia al piropo. Si piensas “lo dirá para contentarme, será que he amanecido con mejor cara”, le restas valor y merma tu autoestima.

-Simplemente sonríe cuando tu compañero ensalce tus habilidades amatorias, o lo que disfruta contigo en la cama.

-Saber apreciar tus cualidades en la seducción, te hará experimentar mayor desinhibición y espontaneidad, y no va reñido con ser humilde.

LECTURA DEL PENSAMIENTO (seguro que piensa que …)

-Renuncia a adivinar lo que le gusta a tu pareja en el sexo, pregúntaselo.

-Deja de imaginar lo que crees que le desagrada al otro de las relaciones sexuales, es mejor hablarlo de forma abierta, pero sin prejuzgar su respuesta.

-No inhibas tu iniciativa en el sexo, sólo porque presupones que tu compañero lo va a rechazar. Espera a que sea él quien diga que NO, que no le gusta o que no quiere, pero no te limites adivinándolo anticipadamente.

-Igualmente, no te enfades cuando tu pareja no hace lo que esperabas, nadie está obligado a leer tu pensamiento. Lo más sano es pedir, no esperar a que el otro se de cuenta de tus necesidades.

EL ERROR DEL ADIVINO (seguro que pasa lo peor…)
Bola de cristal
-Cuando se está en un proceso de recuperación de una disfunción sexual (problemas de erección, anorgasmia), pensar en el futuro de forma negativa y absoluta no sólo no te ayuda, sino que te desanimará más, con lo que tendrás menos fuerzas para buscar soluciones.

-Desiste de hacer predicciones fatalistas, que lo único que implican es que vayas al encuentro sexual con un nivel de ansiedad elevado, y pierdas sensibilidad para concentrarte en las sensaciones placenteras.

-Puede ayudarte seleccionar de tu memoria situaciones pasadas donde vaticinabas que el sexo iba a ser más decepcionante de lo que luego realmente fue (con respecto al dolor si era tu primera vez, con resultar atractivo físicamente en tu primera cita, con el temido rechazo que anticipabas que iba a mostrar tu pareja ante la declaración de tus secretas fantasías). En general las cosas no suelen ser tan dramáticas como se prevén