Secundaria

Sexologos Valencia. Sergio Perez Serer.

PSICOLOGO – SEXOLOGO

SERGIO PEREZ SERER – Col. CV07113

Clinica de Sexologia y Picologia Pérez – Vieco
Maestro Valls, 28 – puerta 2.
46022 – Valencia
Telfs. 963812919 – 696904072

 

Servicios de Psicologia:

• Obsesiones.
• Dificultad en las relaciones sociales
• Trastornos del control de impulsos
• Trastornos Psicosomáticos
• Habilidades sociales
• Depresión
• Trastorno de Ansiedad
• Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)
• Trastorno por Estrés Postraumático
• Trastorno de Ansiedad Generalizada
• Fobias Especificas
• Ludopatía o Juego Patológico
• Fobia Social Miedo a Hablar en Publico
• Trastornos Bipolares
• Mediación en Separación y Divorcios
• Problemas de Relación
• Dificultades en la comunicación
• Pautas de educación
• Trastorno de alimentacion. Anorexia Nerviosa y Bulimia.
• Trastorno de Panico con o sin Agorafobia
• Trastornos Adaptativos
• Trastornos del Sueño
• Tabaquismo
• Trastornos de Personalidad

Servicios de Sexología:

• Eyaculación Precoz
• Eyaculación Retardada
• Ausencia o pérdida del deseo sexual
• Parafilias
• Dolor en el coito
• Abusos Sexuales
• Disfunción Eréctil (impotencia)
• Deseo Sexual Inhibido
• Anorgasmia
• Vaginismo
• Rechazo sexual y ausencia de placer sexual.
• Impulso sexual excesivo.
• Fetichismo
• Exhibicionismo
• Escoptofilia (voyeurismo)
• Adicción al Sexo o Adicción Sexual
• Aversión al Sexo o Aversión Sexual
• Orientación sexual egodistónica
• Otros trastornos del desarrollo psicosexual
• Aversión al sexo

Servicios en Psicología Infantil y Psicologia Clinica Infantil:

• Retraso mental
• Trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje.
• Trastorno de la expresión del lenguaje
• Trastorno de la comprensión del lenguaje
• Trastorno específico de la lectura
• Trastorno específico de la ortografía
• Trastorno específico del cálculo
• Otros trastornos del desarrollo del aprendizaje escolar
• Autismo infantil
• Síndrome de asperger
• Trastorno de la actividad y de la atención
• Trastorno hipercinético disocial
• Trastorno disocial desafiante
• Trastorno disocial depresivo.
• Trastornos de las emociones de comienzo habitual en la infancia.
• Trastorno del comportamiento social en la infancia y adolescencia
• Trastornos de tics.
• Enuresis y Encopresis.
• Trastorno de la conducta alimentaria en la infancia.

Servicios de Formación:

  • Cursos de Formación en Habilidades Sociales
  • Cursos de Formación de Autoestima
  • Cursos de Formación de Acoso Laboral.
  • Cursos de Formación de Tecnicas de Estudio
  • Cursos de Formación de Técnicas de Afrontamiento del Estrés.
  • Cursos de Formación en Educación Afectivo Sexual en Primaria.
  • Cursos de Formación en Educación Afectivo Sexual en ESO.
  • Cursos de Formación en Educación en Valores.
  • Cursos de Formación en Sexualidad.
  • Otros cursos, consultar.

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Orgasmo, Orgasmo, Orgasmo…

Aunque venga de un amante, una bañera, un osito de peluche, un dedo, una lengua
o un vibrador, un orgasmo es un orgasmo. Mis rituales de orgasmo, al principio,
eran muy sencillos. Tardaba alrededor de diez minutos en tener uno, y
luego lo dejaba. Sólo me concentraba en las sensaciones de mi cuerpo. Poco a
poco empecé a tomarme más tiempo y a ser mejor amante. Tardaba más en correrme,
porque paraba de repente para crear más tensión sexual antes de llegar al
orgasmo. Luego empecé a imaginar situaciones eróticas, con lo que mis orgasmos
mejoraron mucho. Para desarrollar una fantasía, primero intentaba recordar
alguna buena experiencia sexual que hubiera tenido. También leía libros sobre el
sexo, o sobre el arte del sexo, y miraba revistas pomo que me gustaran.
Lo solía hacer con el dedo; me lo metía en la vagina para humedecerlo y, a
veces, con otro dedo me tocaba el clítoris. Siempre era un verdadero placer. Una
noche lo hice mientras me miraba en un espejo con aumento. Era fabuloso, casi
como ver una película erótica en una mini-pantalla. Fui adquiriendo cada vez
más estilo en la manera de hacerlo. Veía como mis labios vaginales se ponían de
un color rojo oscuro y mi clítoris se hacia más grande por momentos. Me hacía
un masaje interno con tres dedos, lo que aumentaba la lubricación, y mis jugos
sexuales brillaban a la luz. Al final movía la mano tan rápido que la veía borrosa
justo antes de correrme. Cuando llegaba al orgasmo, se me cerraban los ojos y se
acababa el espectáculo, como cuando se cierra el telón en el teatro.

Al principio nunca tenía más de un orgasmo cuando me masturbaba. Mi
clítoris siempre estaba demasiado sensible justo después de tener uno. Un domingo
por la tarde, cogí una vela blanca, le di la forma de un precioso pene y me
la metí mientras me tocaba el clítoris. Después de tener un orgasmo considerable,
todavía tenía marcha, pero estaba demasiado sensibilizada para hacerlo
otra vez. De repente se me ocurrió que podía intentar respirar de la misma manera
que se les enseña a las mujeres para soportar el dolor en un parto natural. Empecé
a hacerlo para poder tolerar más placer, y descubrí que lo podía hacer si me tocaba con más suavidad, En poco tiempo desapareció la hipersensibilidad y estaba
a punto de tener otro orgasmo. En vez de parar y aguantar la respiración, a
partir de entonces respiraba más fuerte para soportar la sensación. Lo que antes
me parecía dolor ahora me parecía una nueva forma de placer.
Más adelante empecé a hacer un ejercicio con el que aprendí a controlar las
sensaciones de mi cuerpo. Después de un baño caliente, o de una sauna, me metía
en agua fría. Al principio me horrorizaba la idea. Siempre había evitado los
dos extremos, porque ambos eran demasiado intensos. Pero, en realidad, era una
sensación fantástica que estimulaba la circulación y los sentidos. El espacio que
existe entre la idea y la acción es la inhibición. Mi capacidad para moverme por
ese espacio estaba en relación directa con mi deseo de encontrar placeres nuevos.
Lanzarme al placer se me hacia cada vez más fácil.

A finales de los años sesenta tuve el primer orgasmo con un vibrador. Pero no era un vibrador de verdad,
sino un aparato para darse masajes en la cabeza que Blake tenía. Una noche
me pregunto si me apetecía que me diera un masaje, y empezó a dármelo por la
cabeza. Era fantástico. Poco a poco bajó la mano hacia el resto de mi cuerpo, y
me empezó a latir el corazón cada vez más fuerte. Pegué un salto cuando noté
los movimientos rápidos de su mano sobre mi clítoris. Era un placer tan intenso
que no pude evitar sujetarle en brazo. Me preguntó si quería que lo dejara, y le
contesté que no. Respiré para disfrutar bien de la sensación, y después de tres
orgasmos maravillosos sentía que había entrado en otra dimensión.
Entonces me compré un aparato como el de Blake. Se sujetaba con la mano
y hacia que los dedos vibraran con rapidez. Me ponía el dedo sobre el clítoris y
en resultado era fantástico; además, casi no hacia ruido. Me corrí enseguida, pero
no pude seguir porque el vibrador se había calentado demasiado, y no era nada
divertido jugar con un juguete que estaba tan caliente que no se podía tocar.
A principios de los setenta, salió al mercado un nuevo aparato eléctrico para
dar masajes. Era un cilindro muy grande que hacía el mismo ruido que un
camión cuando va en segunda. El mango media unos veinte centímetros y tenía
una cabeza de siete centímetros. Cuando se lo enseñé a mis amigas por primera
vez, casi, se desmayan, hasta que les expliqué que no era para metérselo dentro.
Toda esta maquinaria estaba pensada para hacer vibrar a mi dulce clítoris. Fue el
principio de un romance apasionado con un aparato al que puse el nombre de
Mack, el forzudo. (Una amiga mía se compró uno enseguida, y le llamó Pierre,
el sortudo. )
Al principio lo usaba sobre todo para el cuello y los hombros, como indicaban
las instrucciones. Tardé algún tiempo en aprender cómo se podía dirigir toda
esa energía hacia el placer sexual. Una noche, Mack y yo sorprendimos a mi clítoris
debajo de una toalla doblada. Ocurrió justo lo que me temía —¡fue un éxtasis
inmediato! Estaba abrumada por el placer. Además se podía regular la velocidad.
Podía tener unos orgasmos increíbles sin que Mack se calentara demasiado.
Ahora, mirando hacia atrás, me parece que hubo un momento en el que mis
sentimientos por Mack casi se convierten en amor. Compré varios y se los presté
a mis amigas, para no tener que compartir el mío. Terminé comprándolos por
cajas cuando empecé con las Terapias, hasta que un día descubrí que Mack, el
forzudo, ya no se fabricaba. Creí que el gobierno estaba siguiendo una política
de reducción de orgasmos. Sin embargo, Dios aprieta pero no ahoga, porque
pronto apareció otro aparato que daba masajes. Era más bonito y más fino, y tenía
un motor que ronroneaba como un gato.

Cuando llegaba a casa, siempre estaba esperándome mi fiel Pandora para
darme unas horas interminables de placer. Nunca le dolía la cabeza, ni estaba
demasiado cansada para hacerme caso, y no le importaba que de vez en cuando
me apeteciera hacerlo con gente. Lo que me salvó de empezar a tomarme en serio
nuestra relación fue analizar cuidadosamente los inconvenientes de Pandora:
mucho ronroneo, pero nada de conversación, y siempre tenía que ser yo la que
Ilevara la voz cantante. Pero quería a mi vibrador tal y como era: un juguete maravilloso
que transmitía buenas vibraciones.
Seguí teniendo relaciones sexuales con mis amantes y dejé de pensar que
me iba a volver adicta al vibrador. También dejé de preocuparme porque se me
iba a estirar el clítoris y porque me iba a volver poco sociable. Nunca pasó nada
de eso. Era mucho menos sociable cuando era adicta al amor. En aquella época,
lo que empezaba como algo placentero se convertía enseguida en dolor, a medida
que me iba obsesionando con la persona a quien quería. Nunca he estado obsesionada con un vibrador. Mi experiencia con otras adicciones me ha enseñado
que el dolor y la frustración hacen que se cree una fijación. Era como un conejillo
de indias: los que están condicionados por el dolor siguen siempre el mismo
camino, mientras que los que están condicionados por el placer buscan nuevas
aventuras.
Hasta finales de los setenta sólo utilizaba un vibrador para mis rituales de
masturbación. Luego empecé a hacer experimentos con la penetración. Me ponía
algo en la entrada de la vagina mientras me estimulaba el clítoris con el vibrador.
Hacía una penetración lenta y sensual apretando y relajando los músculos.
Justo antes de correrme hacía fuerza con las piernas para sujetar lo que fuera que
tuviera dentro. Sujetaba el vibrador con las dos manos a la vez que ponía tensas
las nalgas y me dejaba llevar.

Me encantan los pequeños orgasmos que tengo cuando me tomo un descanso
sexual de un cuarto de hora. Me dan energía y descargo la tensión. También
me gusta el otro extremo, unos orgasmos maravillosos después de un ritual de
dos horas. Me voy excitando y luego lo dejo para estar al borde el mayor tiempo
posible. Utilizo los movimientos del cuerpo, todas las formas de respirar y todos
los pensamientos eróticos de mi repertorio. Me someto por completo al hedonismo.
He reído, llorado y gemido mientras intentaba alcanzar el más grande de los
orgasmos. Después de tener dos o tres, me quedo como traspuesta, disfrutando
del placer. Sigo vibrando y temblando, pero ya sin ningún interés en tener otro
porque estoy más allá del orgasmo, en un estado de éxtasis que puede durar hasta
diez minutos. Luego vuelvo lentamente a la tierra otra vez.
Esta forma de tener orgasmos es una de las posibilidades que hay. A mí me
encanta, pero algunas mujeres prefieren los vibradores en forma de pene que
funcionan con pilas. Los vibradores son tan estupendos para tener orgasmos, que
se olvida uno de que también lo son para masajes en el resto del cuerpo. Es una forma de estimular el riego sanguíneo en la zona donde se hace el masaje, y es
muy bueno para la salud y la belleza corporal. Pero no hay que olvidar que los
aparatos eléctricos se deben mantener siempre alejados del agua.
Cuando una mujer utiliza un vibrador por primera vez puede obtener diferentes
resultados. Una amiga me contó que ella tuvo un orgasmo intensísimo,
pero que no duró nada. Otra me dijo que el suyo fue tan pequeño que sólo duró
un segundo. Incluso hubo una que tuvo que practicar durante varios meses antes
de conseguir algún resultado positivo. A veces se tienen pequeños orgasmos sin
que haga falta mucha estimulación. Es muy parecido al fenómeno de la eyaculación
precoz. La masturbación es el mejor sistema para aprender a controlar las
ganas de correrse, tanto para los hombres como para las mujeres.

Tengo algunas amigas que prefieren que la estimulación sea indirecta. Consiguen
tener orgasmos mediante la presión, juntando los muslos y tensando los
músculos de una forma rítmica. Conozco a un hombre que se masturba presionando
su pene contra la cama. Cuando era pequeña usaba el sistema de la presión
con una almohada entre las piernas, pero ahora me gusta más el contacto directo.
Hay mujeres que prefieren utilizar el agua para estimularse y tienen orgasmos
en la bañera con la ducha de teléfono. Una vez una amiga tuvo un orgasmo
sin querer en un jacuzzi porque se sentó delante de uno de los chorros de
agua. Un orgasmo es un orgasmo.
Hay muchas mujeres que no consiguen aprender a tener su primer orgasmo
con agua, ni con presión, ni con la mano. Normalmente, esto ocurre porque no
han tenido ninguna experiencia de masturbación y han aprendido a controlar sus
impulsos sexuales. Para estas mujeres un vibrador puede proporcionar una estimulación
fuerte y regular, para que se recuperen de la privación sensual de la
que han sido objeto. Puede que sea la única manera de tener orgasmos durante
meses o incluso años, pero no es tan espantoso como pensar que nunca podrán
tener uno. Los orgasmos eléctricos son tan satisfactorios como cualquier otro.
La obsesión por portarse bien puede hacer que dejemos de tener sensaciones
en los órganos sexuales. Una represión muy fuerte puede bloquear los nervios
de nuestro sistema que llevan esas sensaciones hasta el cerebro. Wilhelm
Reich, el psicoanalista que escribió La función del orgasmo, definió el orgasmo
como «…la capacidad de rendirse ante la energía sexual sin ninguna inhibición;
la capacidad de descargar toda la excitación sexual a través de movimientos involuntarios
y placenteros de todo el cuerpo». Es una descripción fantástica, pero
durante muchos años no me la podía aplicar a mi misma. Igual que otras muchas
personas no había podido disfrutar plenamente del orgasmo.

Hasta que cumplí algo más de treinta años, mi pobre cuerpo estuvo maltratado
por las resacas, dolores musculares crónicos, falta de ejercicio y mala alimentación
—y todo ello interfería en mis sensaciones eróticas. Además estaban
los factores causantes de la inhibición: sentido de culpabilidad, miedo, rabia y
autocompasión. Estos hacían que no pudiera tener pensamientos eróticos. Mi energía sexual no podía seguir su curso, sólo la descargaba a través de mis genitales
y tenía pequeños orgasmos, comparables al hipo.
Durante mi infancia y luego en mi matrimonio, la masturbación estaba basada
sobre todo en que no me pillaran. Aprendí a ser rápida y silenciosa. Cuando
estaba con alguien en la cama procuraba no respirar muy fuerte ni moverme
mucho. Nunca estaba relajada, porque sólo me preocupaba ser muy femenina todo
el tiempo. Lo que ocurría, en realidad, era que tenía muchos prejuicios.
En una de mis Terapias, una mujer casada me contó que tuvo el primer orgasmo
a los cuarenta y ocho años. Una noche se puso el vibrador en el clítoris y
dos horas después casi se cae de la cama del placer, ¡y pesaba alrededor de cien
kilos! Con el vibrador conseguía la estimulación que necesitaba su cuerpo. Ni
ella ni su marido habían tenido paciencia suficiente. Ahora están encantados con
su nueva vida sexual: para ella la penetración es el aperitivo; cuando él se corre,
ella tiene un orgasmo con el vibrador mientras se besan y se abrazan. Están en
plena luna de miel sexual.

Otra de las mujeres de las Terapias estaba desesperada después de diez
años de matrimonio, un hijo y ningún orgasmo. Se compró un vibrador y se lo
puso directamente en los genitales durante mucho tiempo, varias noches seguidas.
Estaba decidida a experimentar el placer. Sólo consiguió estar dolorida durante
unos días. Como no tenía sensaciones en los genitales, en vez de obtener
placer sentía dolor. ¡Estaba furiosa! Pero por lo menos el dolor era la prueba de
que había vida ahí abajo, y no se dio por vencida. Con un poco más de práctica
y más suavidad, empezó a tener sensaciones agradables.
Una amiga mía, que es lesbiana, aprendió a tener orgasmos con un vibrador
cuando tenía más de treinta años. Al cabo de un año podía tenerlos con su pareja
con sexo oral. Cinco años después se quedó encantada cuando aprendió a masturbarse
con la mano. Decía que se sentía más completa ahora que sabía que no
dependía de un aparato ni de una persona. Podía tener sus propios orgasmos. Pero
el paso del vibrador a la mano no fue fácil, hasta que empezó a hacer uso de
algunas fantasías sexuales. Cuando estaba con su pareja pensaba en ella, y cuando
estaba sola no pensaba en nada. Ahora, cuando se masturba con la mano,
piensa en el sexo. Para excitarse sin un vibrador y sin su amante necesitaba usar
la mente.

Conocí a una mujer de treinta y dos años que llevaba diez teniendo orgasmos
solamente con un vibrador. Cuando conoció al hombre con el que se quería
casar, quiso aprender a llegar al orgasmo haciendo el amor. Cambió su técnica
primero. Se empezó a poner la mano entre el vibrador y el clítoris. Lentamente
aprendió a responder a un roce más suave. Tardó seis meses en aprender a correrse
con la mano, y no tuvo ningún problema con su marido.
Una amiga bisexual que había estado usando un vibrador cuando se quedaba
sin pareja, decidió regalárselo a alguien. Decía que sus orgasmos eléctricos
eran tan fáciles de conseguir que había dejado de tener fantasías sexuales. Volvió
a hacerlo con la mano en un baño de agua caliente, mientras leía un libro pomo. Al cabo de unos años, se compró otro vibrador porque se dio cuenta de
que podía usarlo, seguir teniendo sus fantasías e, incluso, tener más de un orgasmo,
aunque tuviera una pareja.

Las fantasías sexuales pueden estar llenas de contradicciones. Por ejemplo,
conozco a una mujer casada que estaba preocupada porque sus fantasías casi
siempre eran con mujeres, aunque ella se consideraba heterosexual. Una amiga
lesbiana se preguntaba por qué a menudo tenía fantasías heterosexuales, si a ella
no le gustaban nada los hombres. Es una pena que nos pasemos la vida con etiquetas
sexuales entre las piernas. Mientras nos definamos como heterosexuales,
bisexuales u homosexuales en vez de sencillamente sexuales, seguiremos estando
enfrentados en el sexo. La minoría moral es la que lleva la voz cantante,
mientras que la mayoría sexual permanece en silencio. Ha llegado el momento
de apoyar el placer sexual, sea cual sea la forma que adopta. Un orgasmo es un
orgasmo.
Una amiga mía, que se consideraba una feminista radical, se empezó a preocupar
porque sus fantasías sexuales no eran correctas políticamente, ya que no
eran feministas. Yo le aseguré que todas las fantasías eran correctas. Muchas
personas se imaginan cosas que en realidad no quieren que les ocurran nunca.
También le recordé que se puede ser adicto a las fantasías como a cualquier otra
cosa, y le sugerí que cambiara de fantasía. Una de las que empezó a usar era la
de ella moviendo su clítoris dentro de la boca de su amante que estaba atado a la
cama. Pero cuando se queda atascada, o tiene prisa, vuelve a la antigua, en la
que cinco polis irlandeses la violan. Esa nunca falla.
Las fantasías sobre violaciones pueden dar marcha. No creo que sea correcto
hablar de fantasías feministas o sexo feminista. La liberación de la mujer no
consiste en definir qué es lo correcto en el sexo. Se trata de investigar y aumentar
nuestro potencial erótico. Respeto a las feministas que defienden el ideal del
amor perfecto entre dos en una relación monógama que dure para siempre. Por
lo tanto, pretendo que respeten mi ideal de vivir con una familia de amigos eróticos.
Nunca habrá una manera correcta de tener fantasías y orgasmos.
Al comienzo de mi romance con el movimiento por la liberación de la mujer,
actuaba como cualquier amante romántico: idealizaba a todas las mujeres.
Creía que las feministas habían sido las elegidas para sacar al mundo del lío en
el que estaba metido. Hasta que descubrimos nuevas imágenes eróticas parecíamos
un ejército, hablando de líneas de fuego, del enemigo, y de cómo ganar la
batalla entre los sexos. ¡No era nada divertido! Lee el resto del articulo »

Masturbacion como liberacion.

La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. 

La masturbación es una forma primaria y natural del sexo. No es sólo una cosa
de niños, o algo para las épocas solitarias entre un amante y otro, o para personas
mayores que se han quedado solas.
Con el problema del SIDA cada día más patente, sería lógico pensar en la
masturbación como la forma más segura del sexo. Pero hacer el amor con uno
mismo sigue siendo el secreto inconfesable de la sociedad.

Antes se decía que el incesto era el último tabú; ahora, sin embargo, se usa
la palabra con toda libertad. Incluso se han filmado películas sobre el tema. Pero,
¿por qué no se ha hecho una película sobre una mujer que aprende a llegar al
orgasmo masturbándose y empieza a disfrutar del sexo con su pareja por primera
vez? También sería muy educativo contar la historia de un hombre con problemas
de eyaculación precoz, que se enseña a sí mismo a prolongar las erecciones
mediante la masturbación y se convierte en un amante fantástico. Si se pusiera
en práctica mi fantasía particular sobre la jubilación, cambiaría por completo la
idea que se tiene sobre la tercera edad. Somos trece personas viviendo en comunidad.
Cada luna llena nos reunimos delante de la tele para ver el último video
pomo prohibido por el código moral. Después de hacer un té bien cargado, enchufamos
nuestros vibradores y nos disponemos a pasar una tarde de orgasmos.
Las mecedoras chirrían, los vibradores zumban y, de vez en cuando, uno de nosotros
sonríe y mueve la cabeza después de uno especialmente bueno.
El rechazo de la masturbación es parte de la represión sexual. Desde la infancia
hasta la madurez, la masturbación produce un sentimiento de vergüenza y
de culpabilidad. Las personas que no mantienen una relación sexual consigo
mismas son más fáciles de manipular. Yo creo que la clave para acabar con la
represión sexual está en la masturbación; sobre todo para las mujeres que creen
que son frígidas o que no saben con seguridad si están teniendo orgasmos con su
pareja. Pero también para los hombres que no pueden Controlar la eyaculación
precoz o que no logran llegar al orgasmo mediante la penetración.

Con la masturbación se aprende mucho sobre las reacciones sexuales, y se
conocen los secretos del cuerpo y de la mente que la sociedad enseña a esconder.
¿Existe alguna forma mejor de entender lo que es el placer y cómo ser creativo
en la cama? No hay que estar a la altura de nadie, ni satisfacer las necesidades
de otro, No se tiene miedo a la crítica o al rechazo por haberlo hecho mal.

La habilidad en la cama es como la habilidad en cualquier otra cosa: no se hereda
por arte de magia, se aprende.

La masturbación es la primera actividad sexual natural. Con ella, las personas
descubren sus sentimientos eróticos y aprenden a no avergonzarse de ellos ni
de sus genitales. Es la mejor manera de ir conociendo el sexo y de desprenderse
de viejos temores e inhibiciones. Para nosotras, las mujeres, es una forma de adquirir
confianza y poder comunicarnos sin miedo con nuestros amantes. Cuando
nos preguntan qué es lo que más nos gusta, tenemos que olvidarnos de la eterna
mentirijilla: «Todo lo que me haces me gusta». Lee el resto del articulo »

Sexo por amor, placer o procreacion.

Como si fuera una pregunta de examen, con una única solución correcta, hay quienes consideran que sólo hay un motivo para tener relaciones sexuales. Desde planteamientos religiosos, éticos o culturales, sólo aceptan una razón para mantener eembarazoncuentros íntimos.

La Iglesia (católica, fundamentalmente), desde tiempos inmemorables, ha exaltado la procreación como la finalidad del sexo por excelencia, con el consecuente destierro del preservativo, ya que dificultaba el verdadero sentido de la sexualidad por el que han abogado siempre: la reproducción.

Con la revolución sexual de los 60 y 70, empezaron a oírse las reivindicaciones a favor del sexo por placer. El uso del condón y la píldora anticonceptiva, dotaba a la sexualidad de independencia con respecto a la fecundación. Una señal evidente de esta escisión la han facilitado los avances en reproducción asistida, que demuestran que se puede tener hijos incluso sin sexo (in vitro).

Las parejas estables apuestan abiertamente por el sexo con amor, por otorgar a los contactos sexuales de un significado emocional. Una opción más de comunicación, a través de la cual expresar afecto, complicidad y común- unión.

Estas tres motivaciones (tener hijos, disfrutar y amar) son elegidas y sumadas conjuntamente, por la inmensa mayoría, a la hora de decidir los referentes con los que guiar su sexualidad. Es decir, que en general, no suelen ser vistas como excluyentes, sino complementarias. Sin embargo, es frecuente que la gente no necesite que concurran las tres, para tener una vida sexual satisfactoria.

Salvo en sectores religiosos más rígidos, el sexo encuentra sentido más allá de la perpetuación de la especie. La polémica sigue existiendo de manera más acentuada ante la disyuntiva de ¿sexo por amor o por puro placer?. Aquí es donde la diversidad de opiniones se hace evidente.

Desde estas líneas, os proponemos que entendáis y viváis la sexualidad de forma flexible y dinámica, adaptándola a vuestros rasgos de personalidad, valores y circunstancias vitales, con el requisito prioritario de evitar daños propios o a terceros. Lee el resto del articulo »

El sexo se aprende

educacion sexual niños

A lo largo de la vida de este blog, os estamos acompañando, desde un discreto lugar, en vuestras aventuras y desventuras sexuales. Digamos que pretendemos ser la guía educativa, que os ayude en vuestros encuentros sexuales. Hacer de la educación sexual una asignatura más, es nuestra gran misión.

En un mundo donde la palabra sexo, cada vez tiene más connotaciones y reclamos (comerciales, económicos, pornográficos, publicitarios y de intercambio personal), a veces se olvida que no se puede empezar la casa por el tejado, y que para vivir una sexualidad plena, es conveniente saber de lo que estamos hablando.

Cuando tecleamos en google “sexo” el resultado de la búsqueda es de casi 82 millones de páginas, al lado de las 311 mil obtenidas con “educación sexual”. Todavía la sociedad no cuenta con los suficientes recursos educativos en este área, y la formación en materia sexual sigue siendo una parcela pequeña dentro de la gran plataforma del sexo.

Esto continuará así hasta que no entendamos que la sexualidad no es algo estático, o mecánico, sino algo que, aunque inherente a la naturaleza humana, puede evolucionar, enriquecerse, consolidarse, reciclarse y aprenderse.

De la misma forma que se enseña a los niños educación física, vial, ética y plástica; la educación sexual debería estar contemplada, por lo menos dentro de alguna disciplina que versara sobre inteligencia emocional o habilidades sociales, dado que el sexo es un medio más de relación y comunicación íntima. Falta en el perfil curricular de los centros escolares estudios que faciliten este tipo de aprendizaje, que no puede reducirse a una mera descripción del aparato reproductor. Lee el resto del articulo »

Donde reside la sexualidad

pasionDurante años los investigadores han buscado el Santo Grial de la sexualidad: lo que hace que un hombre se comporte como un hombre y una mujer como una mujer. Han analizado el cerebro desde todos los ángulos, pero sin resultado. No existen diferencias acusadas entre el cerebro del hombre y de la mujer (al menos en lo que a sexualidad se refiere). Pero quizá la nueva investigación que os presentamos hoy puede haber dado con la solución al problema: un equipo de la Universidad de Harvard ha observado que el lugar donde yace la sexualidad no es el cerebro, al menos para los ratones.

Parece que el epicentro del comportamiento sexual específico en la mayoría de los vertebrados es un pequeño órgano sensorial que se encuentra encima del cielo del paladar de todos los vertebrados terrestres excepto monos, simios y humanos. La investigación demuestra que el deterioro en la función del órgano vomeronasal o de Jacobson induce un comportamiento masculino en hembras de ratón, este comportamiento incluye montar y realizar embates pélvicos, mientras pierden los instintos como hacer nidos o criar a su descendencia. Según Catherine Dulac, profesora de biología celular y molecular en la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard, los resultados son sorprendentes, porque nadie podía imaginar que una simple mutación como la ocurrida en este órgano podría inducir en las hembras comportamientos propios de machos.

Incluso aunque los humanos no tenemos órgano vomeronasal, los resultados obtenidos darían pistas para buscar en el comportamiento específico sexual del hombre. En la mayoría de los mamíferos, cuando el macho huele los genitales de la hembra, el órgano de Jacobson detecta la carga hormonal de la orina indicando al macho si la hembra es fértil y si está disponible. Lee el resto del articulo »

Sexualidad.

Sexualidad.
La sexualidad es una manera de comportarnos, de sentir, de hacer y tiene que ver con factores biológicos, psicológicos y sociales. En la sexualidad tenemos que analizar la sociedad, la familia o el grupo humano que rodea a la persona “x” que estamos hablando, por otro lado tenemos que pensar “¿Quién es esa persona?” desde el punto de vista psicológico, también se debe ver desde el punto de vista biológico por que no es lo mismo hablar de sexualidad masculina que hablar de sexualidad femenina.

Cuando se llega a agrupar esos tres conceptos, es decir el social, el psicológico y el biológico, se puede hablar de sexualidad. La sexualidad tiene funciones especificas en el ser humano y la principal es el placer y la otra es la cercanía con el otro; esto es de manera primordial, porque la función secundaria de la sexualidad en el ser humano es la reproducción.

¿Cómo se manifiesta la sexualidad?

La sexualidad se manifiesta de muchas maneras. Desde cómo se considere uno, masculino o femenino, cuál es la identidad que se tiene como genero o sexual. También se manifiesta con un actividad que es explícitamente sexual, juegos sexuales , etc.

¿Desde que edad?

La sexualidad se manifiesta desde etapas tempranas. Hace tiempo apareció una teoría psicoanalítica que señalaba que el niño tenía sexualidad. También se pensaba que la sexualidad aparecía con el desarrollo de las características sexuales secundarias, es decir cuando en la adolescencia se desarrollan biológicamente los cuerpos del hombre y la mujer.

Desde la época de Froyd, y a raíz de sus investigaciones, él interpretó que el niño tenía manifestaciones sexuales pero se dejó claro que son distintas a la de los adultos. En los niños es frecuente la curiosidad por las diferencias corporales y se llega a mostrarse entre ellos sus partes genitales como un acto de reconocimiento de sus diferencias. Esto hace parte de la actividad sexual sana entre los niños.

¿La sexualidad se aprende?

Si bien partimos de la biología, de impulsos sexuales, un aparato hormonal que maneja un aparato reproductivo, no es posible explicar todos los comportamientos sexuales humanos individuales por medio del instinto. Hay muchos comportamientos sexuales distintos y personas que no desarrollan la sexualidad. Esto demuestra la incapacidad de explicar la sexualidad por el instinto.

La sexualidad más que aprendida es construida. Es decir, que las manifestaciones que uno tiene de su propia sexualidad se van construyendo a lo largo de la vida.

¿Son sinónimos las palabras sexualidad y sexo? Qué diferencia existe entre los dos?

No. La palabra sexo tiene dos cognotaciones. Una es el sexo de genero, la diferenciación biológica entre el hombre y la mujer, de cómo está compuesto cada uno de sus cuerpos. La otra es la actividad sexual explícita, el contacto genital coital.
Este término tiene que ver con sexualidad pero no es sexualidad.

¿Cuánto tiempo dura la sexualidad en el ser humano? ¿Se termina en algun momento?

La sexualidad no se termina nunca. Muere con uno. Se piensa que la sexualidad es una cosa como de jóvenes, pero la sexualidad tiene cambios a lo largo del ciclo vital del ser humano. En todas las etapas del ciclo humano las manifestaciones de la sexualidad son distintas.

En la infancia las manifestaciones son de curiosidad, de masturbación que se da con mucha frecuencia y puede a llegar a ser normal. En la adolescencia se da la posibilidad de empezar una actividad sexual con el otro o se sigue con la masturbación. En la edad adulta la sexualidad se pega más al hecho de conformación de una pareja, claro que buscando siempre el placer, y la búsqueda de la reproducción como respuesta del ser humano de prolongarse, de alguna manera, en la tierra.

Finalmente, en el anciano, si bien todas las funciones del cuerpo sufren cambios y empiezan a declinar, eso no quiere decir que la actividad sexual desaparezca. Lo que ocurre es que la respuesta corporal a estímulos sexuales es más demorada y la capacidad de recuperación es muy lenta comparada con la juventud.

Hay estudios que señalan que en personas que han tenido una actividad sexual frecuente y satisfactoria, la posibilidad de prolongar su actividad sexual cuando sea anciano es mayor que en casos contrarios.

Autor: Elena Martín Cardinal, MD.